Aliento, lo que presentimos dentro de ese cuerpo durante la voluntad,
exhalación del mismo sexo de dios, nuestro llanto es su eyaculación,
somos, seremos hijos, nido y cría,
carne y huesos, deseos de inocencia, ni fríos ni indiferentes al lívido del cosmos.
Pero un plumaje diferente, un eventual sacrificio de la mente
pude salvarnos del orgasmo divino.
La fe invertida nombra un nuevo emperador para el alma,
se baña en saliva igual que la lengua de un ángel ebrio.

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