Tras la muerte estricta su cuerpo continuó desayunando y durmiendo en cama.
Sin saberlo desafiaba la superestructura de los cielos.
No obstante, por desinteresada ciencia e innovaciones planetarias, después de 636 años vio que era cadáver, y que sus pasos los daba sobre su corteza cerebral, no sobre los fangos.
En estos temas, lo inexistente participó como madre de vientre luminario.
No caigan en olvido, sepan que al nacer se enviaron misioneros a la física, por cada ser humano fundado.
Un conocimiento, una perspectiva que los antropólogos no ven. La esencia violenta.
No se olviden.
Sima Qian bendito que desnuda a la muerte y a la verguenza y se reconoce como letra dentro de la caligrafía del universo.

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